Desayunos con Mojitos y Daiquiris

¿Cómo podemos tener la certeza de que lo que hemos dejado sin hacer, podemos hacerlo mañana? Todo en esta vida parece girar en torno al momento presente, a vivir sin miedo, sin preguntarse o cuestionarse qué puede ser del mañana o cómo vamos a seguir pagando esto o haciendo lo otro. ¿Acaso no sabemos que la seguridad parece ya algo inalcanzable?
Todas las historias nos dicen algo. Yo soy mujer de meditar circunstancialmente cualquier paso que doy y eso hace que me pierda los impulsos del momento, pero gano la seguridad de hacer algo que quiero de verdad, porque nada más que de pensarlo, el deseo se hace más fuerte, y las ganas y ansias de realizarlo me invaden por dentro y me da esa fuerza necesaria para llegar a mi meta, que en este caso, es un hombre.
Los hombres pasan por mi vida, como por la vida de cualquiera. Primero viene la atracción, seguidamente el deseo y finalmente el amor. Cuando el amor se traduce en pensamiento continuo en la otra persona y en la excitación única de ese ser por y para todo en nuestra vida, entonces se llama obsesión. Yo, personalmente la llevo bien, porque durante este tiempo, he seguido pensando y analizando, hasta comprender que no hay seguridad alguna en conseguir lo que me propongo, pero no hay victoria en la derrota si no llegamos al final.
Anoche, sin ir más lejos, aterrizó en mi cama como si tal cosa. Llevaba una camisa azul marino de manga corta pegada al cuerpo y unos vaqueros ajustados que le marcaban completamente su cuerpo. Llamó como si tal cosa, como yo no tuviera otra cosa que hacer que abrirle la puerta. Él me dio dos besos, como dos buenos amigos que hace tiempo que no se ven. Él seguía igual, su impecable aspecto me recordó a las citas anteriores, a esos años locos y desnudos de dos cuerpos fogosos que calmaban sus ansias de amor.
Se sentó en el sofá y empezó a contarme que su vida había cambiado. Yo ya lo sabía, pero no quise decírselo. Pensé que no era el momento y me dediqué a consolarlo, como una mujer sabe hacer. Y así lo hice. Reposó su cabeza sobre mi hombro y sus manos, fueron directas a mi abdomen, pero esas manos ya sabían otros caminos mejores y fueron subiendo hasta que dieron con mi pecho, que despertó del letargo, le echaban de menos. Y una cosa llevó a la otra, y unos labios ardientes y deseosos de más pedían deborarlo, juntarlos con los suyos, con ese sabor especial, ese que sólo tenía él...
Amanecimos como siempre, dos cuerpos cansados y desfallecidos, pegados al mismo recuerdo, sabiendo que siempre sería lo mismo. Con la esperanza de encontrarnos. No queríamos que eso se fuera, no queríamos despertar y darnos de bruces con el mundo real, pero sabíamos que no había más alternativas. Me dijo que quería desayunar conmigo, como en los viejos tiempos. Le dije que ya no estaba en igualdad de condiciones. Preparó unos magníficos mojitos y daiquiris, como en los viejos tiempos. Yo sabía que eso significaba algo más, además de perder la cabeza, era un rito de iniciación, volvíamos de nuevo al principio de la historia, él y yo, yo y él. Nuestras aventuras, nuestros encuentros, nuestras pasiones...
Se que no hay nada seguro en esta vida. Las cosas como vienen se van, hay que saber respirar cada segundo que vivimos, atrapar la magia que nos rodea y que por las prisas no vemos. Y cuando hayas perdido la cabeza porque el alcohol no te deja pensar, cierra los ojos, dejate llevar.
Si. Este es el principio de una nueva historia, los mismos encuentros, el mismo hombre, la misma mujer, las mismas sensaciones, pero algo ha cambiado. Al próximo encuentro estaréis invitados y prometo dejar a vuestra elección qué modelo me pondré para el tan esperado estreno de la segunda temporada de nuestra historia. ¿Sabrán elegir bien? ¿Se animan a participar y a mandar propuestas para el encuentro? Como siempre, sigo abierta a todo...
Os he dejado una foto para inmortalizar una parte de nuestro encuentro....










