20 noviembre, 2009

Por los viejos tiempos... y por los nuevos amigos


Hace cuestión de un par de días, conocí a un encantador hombre de cerca de 40 años. Me resultó de lo más atractivo, de esos que como el buen vino, mejoran con los años. Lo conocí en una salida nocturna, de esas en las que que apenas sabes cómo volverás a casa, rodeada de mujeres hambrientas, deseosas de que algún hombre las devore con la mirada, les quite la poca ropa que puedan llevar.

Yo suelo pasar de ese tipo de cacería. Prefiero ponerme cerca de la barra, pedir algo con alcohol y mirar a los demás. Mi forma de divertirme es mucho más sutil y algo más tranquila. Prefiero dejar que me seduzca a seducir. Afotunadamente, todavía hay muchos que prefieren jugar un rato.
Aquel día, me había pintado las uñas de rojo, del mismo color que mi lencería y de mis tacones. Llevaba un corpiño negro que marcaba mis voluptuosos pechos y una falda negra de cintura alta. Como complementos unas medias negras con liguero del mismo color que sólo era descubierto un poco si la falda me jugaba una mala pasada.
Un agradable muchacho se acercó invitándome a una copa.
-¿Te conozco?- Preguntó sin ningún tipo de pudor.
-Puede que alguna vez me hayas leído-Le respondí sin miedo.

En aquel momento recuerdo que sonaba alguna de esas canciones que están ahí pero no puedes identificarlas. De esas que acompañan momentos únicos para recordar en la intimidad.
Sus manos rozaron las mías para darme la copa y brindar.

-¿Qué intenciones tienes?-Le pregunté mirando sus manos.
-Puede que ningunas. Eres muy misteriosa. Me tienes intrigado.-Respondió antes de darle un trago a su copa.
Sus ojos eran grandes y muy llamativos. Vestía traje de chaqueta y corbata. Sus labios eran prominentes y estaban humedecidos. Sentí unas ganas irreprimibles de besarle, pero quise esperar. Sus manos no. Rápidamente, estaban rodeándome por la cintura, acercándome más a él. Fue entonces cuando pude oler su perfume a maderas y con un toque afrutado. Últimamente siento un extraño placer al cerrar los ojos y comprobar el olor que desprenden los cuellos masculinos. Como si quisieran decirme algo.
Ese perfume ya era conocido por mí. Quizás, seguía el mismo rastro que dejaban, como si me sintiera atraída por un determinado olor.
Sus palabras susurrantes al oído erizaban mi piel, a la vez que mi corazón se aceleraba y mis manos se volvían frías. Sus ojos miraban con insistencia a mis pechos. Sabía que quería cogerlos y pasar su lengua por ellos, notar el sabor dulce que tienen, rozando su barba por ellos, como si ya lo hubiera hecho otras veces. Su cuerpo se iba pegando cada vez al mío, su boca cada vez estaba más cerca de la mía, casi probando el ron que impregnaba los labios. Él también se hizo esperar.
Jugaba con mi pelo, como si deseara que le pidiera lo que ambos estábamos deseando. Pero no, no quería dejarle tan pronto. Sus manos no parecían pensar lo mismo y metiendo la mano debajo de la falda, empezaron a notar la lencería que se escondía debajo. Me moría de ganas por besarle allí mismo y ordenarle que subiera las manos hacia el camino que el liguero le indicaba. Me miraba sonriente, sabiendo que los dos estábamos tan desesperados como reticentes a hacerlo allí mismo.
Me cogió de la mano, me llevó a una esquina del local, donde la luz era tenue, donde las otras parejas hacían lo mismo que nosotros haríamos en cuestión de segundos. Y sin más, con el ímpetu de un desesperado, me mordió los labios, me volteó y me dejó de espaldas a él, apretando con fuerza sobre mi espalda, donde un incipiente bulto sobresalía. Sabía que me deseaba allí mismo. Pero, ¿acaso pensaba que me iba a tener tan pronto? Le pedí unos segundos y tras ir al baño y regresar le dije que estaba lista por completo. Le dejé mis braguitas en el bolsillo de la chaqueta y le pedí que me llevara a algún lugar. La excitante situación nos invitó a meternos en el sitio que primero encontráramos. Nos montamos en su coche y buscábamos como dos adolescentes un hotel de carretera donde pasar la noche. Por el camino, sus manos subían y bajaban por mis piernas.

-Quiero que todo lo que estés pensando lo hagas, cualquier cosa que se te pase por la cabeza, las fantasías que se te ocurran-Le dije jadeante mientras miraba su cuerpo, la corbata aflojada y el pecho que se asomaba entre la camisa.

Me miró, me agarró fuertemente de la mano y me dijo con ímpetu:
¿Acaso lo dudabas, Tacones?

14 noviembre, 2009

He regresado


Tras mi viaje a Madrid, tengo que confesar que he regresado con nuevos pensamientos y alguna que otra nueva afición.
Tras ir a la tienda de Manolo Blahnik y probarme los ya míticos zapatos azul pavo real sólo tengo que decir a las lectoras asiduas a este blog que me decepcionó tanto el lugar como el trato de la señorita que con ganas de pocos zapatos no se acercó ni para ver cómo me estaban. Con un aspecto frío y de almacén (porque las cajas estaban justo debajo de los zapatos, formando estanterías) los zapatos por los que tanto he soñado han llegado a decepcionarme. Algunos con unas formas demasiado poco realistas y otros dignos de la época de María Antoñeta (sí, él hizo el acopio de zapatos para la película), dejé la tienda sin ganas de llevarme un solo par de zapatos. Por cierto, todo habladurías. Esos zapatos no son en absoluto comparables con el sexo...
Todo cambio cuando llegué a la tienda de Jimmy Choo, que con un apuesto caballero que se dedicaba sólo y exclusivamente a abrir la puerta, me deleitó por completo. parecía estar en una joyería de zapatos, donde como a una cenicienta moderna, no paraban de enseñarme modelos. ¿Qué fetichista incondicional no desea que se arrodillen ante ella para que les prueben los diseños que tanto ansía? ¿A que más de uno querría trabajar allí?
Cuando estaba en el hotel, ya a mi regreso de aquel paraíso, con una botella de vino blanco y unas cuantas cajas de zapatos, me di cuenta de que ya no echaba de menos al amante ni a ningún hombre. Tanto por uno como por otro, había cambiado y había dejado de ser yo, esa muchacha feliz, que deseaba ir de tiendas y probarse ropa, zapatos... A la que le encanta ir al cine y escribir mientras escucha música. Esa yo que se ríe de los infortunios, que se pregunta demasiado y responde poco. La ingenua que se transforma en fiera. La que tiene una guerra abierta con el tiempo.
Sin embargo, durante 4 años he estado aferrada a alguien que no me ha correspondido, pensando en él, imaginando que nada sería lo mismo y cuando la vida me pode delante a alguien, veo una oportunidad para olvidarle y al contrario, no paro de imaginarle, de soñar con él. Pero todo eso ha cambiado. Y por eso he regresado, estoy aquí, con todos vosotros, con los que me escriben y los que me leen. Porque prometo que mis letras continuarán hechizando y seduciendo.
Porque sí, porque lo único que se parece al sexo, es el propio sexo. Y de eso, tengo para escribir un buen rato...

24 octubre, 2009

Para HACER hay que SABER....

Hay que tener aspiraciones elevadas,
expectativas moderadas y
necesidades pequeñas.
Simplemente hay días que te apetece ser como eres, y otros, te gustaría cambiar de vida por completo y ser aquella que nunca te dejaron ser.
Puede que me entiendan si les hablo claramente. ¿Tiene la misma intriga si el cazador sabe que va a ser cazado? Pues lo mismo sucede con los amantes, que si nadie sabe que lo tienes, parece que no existe.
Tenía ganas de pedirle una copa en algún lugar perdido, de esos que él conoce y que tanto frecuenta, excusándose en que las mujeres acuden allí porque andan solas y necesitan compañía. Su aire chulesco se huele a distancia. ¿Será eso lo que me tiene loca?
Cuando nos sentamos en un taburete, en la barra, pedí un Martini solo y él, un Wisky con hielo. Hacía mucho que no hablábamos. Puede que porque no hubiéramos tenido tiempo, o porque no hubiéramos podido, o simplemente, porque habíamos evitado volver a vernos.
¿Por qué no arriesgarme y decirle que sí, que si me lo pedía volvería a caer? Pero no decía nada, simplemente seguía hablándome de tonterías, haciendo tiempo y alargando el momento por el que dos personas adultas habían decidido quedar aquella tarde, como en otras tantas ocasiones. Ninguno decía nada, pero los dos sabíamos lo que pasaría después.
Le pedí que me diera un beso. Cerré los ojos y pensé mientras notaba sus carnosos labios rozando mi cuello. Pensé en él y en mi. En todas las personas que estaban allí y en las que llegarían después. En las mujeres atrapadas en su pasado, entre las redes de un hombre, en las historias que se escondían tras sonrisas fingidas y en palabras estudiadas. Pensé en el hotel de siempre y en la despedida. Porque era lo más doloroso, saber que cada instante más con él, era un segundo menos para el final.
Me cogió la mano y me llevó hasta un sofá que había justo debajo del altavoz. Me dijo que me sentara y sin decirme la más mínima palabra se sacó del bolsillo la cartera, la abrió y me enseñó aquella nota. Mi aliento se contuvo. ¿Por qué guardar aquello todavía? Era mi nota, la nota que le dejé en el coche aquella noche en la que dijimos que no nos volveríamos a ver más, en la que estampé mis labios impregnados de carmín, como había visto en las peliculas. ¿Quizás por eso sea tan buena actriz?
Le pedí que me dejara marchar, que me dejara ser libre de una vez por todas. Mientras lo miraba a los ojos, le estaba diciendo que me devorara allí mismo y sacara de mí lo que siempre escondo. Pagó la cuenta y nos fuimos en el coche, sin hablarnos, sin decirnos nada. Cuando me despedí de él en la puerta me quedé un rato esperando su respuesta, pero el silencio lo respondió todo. Cerré la puerta. En cuestió de segundos llamó al timbre pidiendo clemencia. Ya sabía yo que una oferta así no podía durar mucho tiempo...
Nos fuimos a la ducha y nos metimos debajo con la ropa puesta que se pegaba a nuestros cuerpos deseosos. Sus manos agarraron con fuerza mi cabeza.
-¿Por cuánto tiempo viviremos así, siendo lo que somos?
-¿Y qué somos?-le pregunté.
-Dos personas que no saben si se quieren, pero que se desean.
-¿Sólo eso?-dije.
-¿Acaso esperas algo más de mí?
-Lo que tu quieras darme...
Me quitó la ropa mientras estabamos completamente empapados. Sus manos me cogían, me rozaban por completo y me sentía completamente humeda. Sus labios no paraban de comerme a besos y yo, le agarraba con fuerza, porque no quería que se fuera, porque quería que fueramos algo más. Dos cuerpos calientes bajo el agua de una ducha, un vapor que emanaba el fuego de dos personas que se consumen en cada encuentro. Un cuerpo tentador y un cuerpo para el delito.
¿Lo nuestro era sólo eso? Me resistía a creerlo. Y él, siempre que quedábamos caía en mi misma trampa. Él que tanto presume... se deja hacer por completo a lo que yo diga, imaginandome a su lado cuando no estoy. Su cuerpo ya no sabe vivir sin mí. Lo sabe. Tras tanto tiempo, ¿quién es el cazado ahora? ¿acaso todavía lo dudas?
Para hacer ciertas cosas, hay que saber dónde, cómo y con quién hacerlas....
Hasta el próximo encuentro,
Los Tacones Rojos.

15 octubre, 2009

Una dificil elección

Queridas almas que conectáis en algún momento del día con este espacio, pequeño, silencioso y en el fondo, misterioso. Debéis saber que me hace mucha ilusión y en el fondo me reconforta el poder contarles a todos lo que me sucede, porque como pueden comprender, no todo el mundo es capaz de entenderme, aunque si muchos desean probarme.


¿Cómo se sentirían ustedes si dedicaran gran parte del tiempo a pensar en alguien que no tienen? Pues imagínense entonces lo que yo puedo estar pasando...


La vida cambia. Es demasiado corta para andar perdiéndose los segundos que pasan: una bonita puesta de sol, un café en un lugar mágico, unas palabras que son del recuerdo, un día lluvioso metidos en un coche rumbo al tiempo pasado. Cualquier lugar donde en el fondo nos sintamos vivos.


Odio que me organicen la vida, pero se que estoy perdida, apenas se del tiempo del que dispongo. Y me doy cuenta de que las cosas cambian, las personas evolucionan o dan pasos hacia atrás. Y él, ha regresado y vuelve solo, pero yo, sin embargo sigo acompañada.


Ahora, por las noches, cuando nadie me escucha, cuando nadie me ve y todos duermen, me pregunto, ¿Cuánto quiero a cada uno? ¿Por quién lo dejaría todo? Ustedes, imagino que saben la respuesta.


Sólo pensar en él, noto que mi cuerpo no es el fuego que arde, sino la cera que se derrite. Mi fuerza se transforma en debilidad, mis ansias se reducen a dejarme llevar. Solo al cerrar los ojos noto su presencia y es cuando verdaderamente nada importa. El roce de sus labios con los mios, las aventuras que planeamos realizar, el perfume que me hipnotiza, la música de fondo es el calor que necesito en las frías noches que se acercan. Un desnudo que me arropa por completo, unas noches que cederán a la luna el puesto de trasnochadoras. Un sutil dedo que recorre mi espalda y me deja a su merced.

Un solo hombre es capaz de hacer de mí una caja de pandora, destapando toda la lujuria que en mí se alberga, que no es más que la voluntad de dejarme por él. Se que es un peligro, que ni él mismo conoce, pero estoy dispuesta a arriesgarme.


El otro hombre es sólo uno más, una distracción pasajera, para no pensar tanto en el que realmente me importa, por el que realmente me he vuelto celosa sin tenerlo.


Pero poco a poco noto que debo tomar una decisión. Quiero volver con él, sentir lo que fuimos. Lo que para él fue una aventura más. Si parafraseo su frase favorita, quizás es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y disipar la duda.


Por ello, es mejor que me ponga mis tacones rojos, símbolo de poder y de ganas de acción, recostada sobre la cama, con la bata entreabierta, con el pelo suelto, alocado sobre mis hombros, con velas encendidas por todos lados, le invite a adentrarse de nuevo en mi mundo, del cual, no debió salir jamás. Del cual, sigue siendo mi patrón y marinero.


01 octubre, 2009

In-Fiel


Cuando Deseas ser Infiel





El adulterio es justificable:


el alma necesita pocas cosas;


el cuerpo muchas.



Hay ocasiones en las que sin saber por qué, me apetece ser infiel. La cuestión es, ¿por qué me pasa eso?


Cuando vives feliz y enamorada, cuando todo parece ser un cuento de hadas, la mayoría de las cosas carecen de importancia, pero un poco más tarde, cuando te encuentras sentada en el sofá, o en la cama piensas lo que has hecho o has dejado de hacer a lo largo del día, me doy cuenta de que he dejado pasar algo que realmente estoy deseando.


Mi gran obsesión todos la conocen. Quizás por eso, por las mismas ganas y ansias que tengo de estar con esa persona, hacen que viva sin pensar en mí y viviendo pensando en ese hombre.


¿Acaso saben lo que puedo sentir cuando despierto, y tras haber soñado con él, no verle a mi lado? ¿Acaso saben cómo vivo tanto tiempo después, simplemente pensando en cómo recuperarle?


Lo siento, me confieso una infiel empedernida, pero solo ahora, cuando no lo tengo, cuando estoy con otro soñando estar con él, cuando me arreglo con la intención de cruzármelo, cuando deseo escuchar sus palabras de nuevo diciéndome lo guapa que estoy de negro, o lo bien que huele el perfume que llevo. Quiero que me vea, pero que no huya de mí cuando estoy con otro. Que me de un casto beso en la mejilla, como en antaño. Que me roce sutilmente la piel. Que me invite a ese hotel de carretera que visitamos pero al cual no nos atrevimos a entrar. Que me cuente las fantasías ansiosas de esas mujeres que tanto le desean. Que me lleve a la cama en un salto, que me transporte al lugar del que no he querido irme jamás. Cerrar los ojos y al abrirlos, encontrarlo allí, a mi lado, notando sus fuertes brazos rodeando mi indefenso cuerpo. Que tras tanto tiempo no olvide que yo sigo siendo suya, aunque la distancia nos separe. Quiero repetir nuestros encuentros, que se haga realidad. Quiero volver a contarlo, volver a sentirlo, volver a disfrutarlo.


Eso sí, mi felicidad no depende solo de que el regrese, ni de que volvamos a estar juntos. No depende de que solo quede en eso, una historia sin más, ni una sola historia menos. Depende de que se parezca algo a lo que siempre he deseado. Porque una vez que vuelva a tenerte no quiero dejarte escapar. ¿O es mejor que sigamos encontrándonos de casualidad?

¿Volverás? Mi infidelidad me permite volver a jugar contigo...


20 septiembre, 2009

Soñé Despertar-Relato Ganador del II Concurso de relatos eróticos Los Tacones Rojos


En primer lugar muchas gracias a todos los/as participantes del concurso. Este año la ganador ha sido este relato. Espero que les guste y que lo disfruten. Ha preferido mantenerse en el anonimato. Es de Madrid, dice tener 32 años y es seguidora del blog desde hace poco más de un año. Decía que si ganaba se animaba a abrir un blog. Esperamos impacientes que nos avise cuando lo haga.
-Soñé Despertar-




Las aves nocturnas salían a por su presa. Al acecho, vigilaban cada esquina desde sus puestos. Una de ellas parecía destacar de entre el resto. Con unos altos tacones rojos, cabello recogido en un moño italiano y aires de diva, se sentó en el único taburete que había en la barra de aquel pub. Pidió al camarero un Martini blanco y con el móvil en la mano miraba por doquier, como si estuviera esperando la visita de alguien.


Me acerqué a ella y la miré intensamente. Algo desprendía que me tenía cautivado. No sabía si era esa forma de acercar sus labios a la copa, si era la manera de jugar con los tacones, o si simplemente, desprendía una magia que me llegaba sin más, haciendo que el resto del mundo desapareciera para mí.



Iba con cautela arrimándome a su cuerpo, notando el calor que desprendía, el olor de su perfume que me embriagaba por completo. No quería saber su nombre, no quería saber su edad. Quería coger de ella lo que me hacía perder la cabeza. Era descarado, y lo sabía, pero ella no parecía molestarse. La invité a una copa y tras rozar con cuidado sus manos, noté que en mi cuerpo, algo reaccionaba diferente. Su miraba, sus labios hablandome, aquel perfume...


No pude más y exploté de gozo, como si nada más fuera necesario para ser felíz. Ella sonrió, pero no se inmutó. Cerré los ojos, sabiendo que no volvería a repetirse nada semejante nunca más. Ella, simplemente, me dio un cariñoso beso en la megilla y me dijo: " Los Tacones Rojos es eso, el deseo incontenible de poseer lo que ansiamos".


Abrí los ojos y me conecté. Al otro lado de la pantalla sabía que ella, seguiría dandome la alegría, el entusiasmo y la firmeza necesarias para continuar. Soñé despertar de otra vida. No la volví a ver jamás, pero sabía que ella estaba ahí, al otro lado.

29 agosto, 2009

Mi Regreso más Sexperado



El Verano se ha terminado y con él, muy posiblemente, algunas historias fugaces que solo quedarán marcadas en el diario de alguna adolescente o la mente de algún madurito.


Tengo que deciros que me lo he pasado muy bien (como la mayoría) aunque he echado de menos divertirme algo más. Me he quedado con las ganas de decirle a alguien lo que realmente pienso. Y sí, me he dado cuenta de que me estoy volviendo cada vez más yo, la mujer que era antes. No puedo comprender cómo un hombre me ha transformado tanto, y ahora, echo de menos a la que fui.


Me di cuenta mientras en el club de vinos ojeaba las preciosas botellas de Vega Sicilia de 200€ la botella. Y las tardes en los hoteles más caros de la ciudad para encontrar a algún viudo que me invitara a dar un paseo en su magnifica flota. Y mirar los escaparates de las joyerías (de las que tienen vigilantes de seguridad con pistola en la puerta) y darme el placer de entrar y probarme todas para después marcharme.

¿A quién no le encanta entrar a tiendas caras y tocar los vestidos más exclusivos y oler el rico perfume que emana lo exclusivo, lo que pocos pueden alcanzar?


Y mi debilidad, probarme esos tacones prohibitivos, de altísimos centímetros y de múltiples texturas, mientras un joven dependiente me ayuda a ponérmelos. ¿Qué fetichista se puede resistir a eso?


Me encantaría poder invitar a alguno de ustedes a mi casa, descorcharle una buena botella de vino y que más tarde me ayudara a meterme en la bañera, mientras me da un masaje en los pies. Por supuesto, pueden traer la ropa interior que quieran luego quitarse. Ya saben que estoy abierta a sugerencias.


A todos ustedes les doy las gracias por estar ahí un año más (y ya van 4!!!). Por recordarme que cuando me calzo unos tacones, el ruido que hacen sobre el suelo, me hace más fuerte, me seducen tanto que soy capaz de desnudar mi alma y compartir mis experiencias con todos ustedes. Me han dado más fuerza, más ganas de seguir experimentando y seguir viviendo la corta vida de la que disponemos. Me estoy volviendo más traviesa, más caprichosa y consentida.


Así que Felicidades a ustes también!! Si se cruzan con una joven rubia de ojos verdosos, labios carnosos e infinitos tacones, han dado conmigo, la seducción en persona.


Si quieren regalarme algo, ya saben donde encontrarme.

Saben que les adoro. Saben que me adoran.


Los Tacones Rojos