Por los viejos tiempos... y por los nuevos amigos

Hace cuestión de un par de días, conocí a un encantador hombre de cerca de 40 años. Me resultó de lo más atractivo, de esos que como el buen vino, mejoran con los años. Lo conocí en una salida nocturna, de esas en las que que apenas sabes cómo volverás a casa, rodeada de mujeres hambrientas, deseosas de que algún hombre las devore con la mirada, les quite la poca ropa que puedan llevar.
Yo suelo pasar de ese tipo de cacería. Prefiero ponerme cerca de la barra, pedir algo con alcohol y mirar a los demás. Mi forma de divertirme es mucho más sutil y algo más tranquila. Prefiero dejar que me seduzca a seducir. Afotunadamente, todavía hay muchos que prefieren jugar un rato.
Aquel día, me había pintado las uñas de rojo, del mismo color que mi lencería y de mis tacones. Llevaba un corpiño negro que marcaba mis voluptuosos pechos y una falda negra de cintura alta. Como complementos unas medias negras con liguero del mismo color que sólo era descubierto un poco si la falda me jugaba una mala pasada.
Un agradable muchacho se acercó invitándome a una copa.
-¿Te conozco?- Preguntó sin ningún tipo de pudor.
-Puede que alguna vez me hayas leído-Le respondí sin miedo.
-Puede que alguna vez me hayas leído-Le respondí sin miedo.
En aquel momento recuerdo que sonaba alguna de esas canciones que están ahí pero no puedes identificarlas. De esas que acompañan momentos únicos para recordar en la intimidad.
Sus manos rozaron las mías para darme la copa y brindar.
-¿Qué intenciones tienes?-Le pregunté mirando sus manos.
-Puede que ningunas. Eres muy misteriosa. Me tienes intrigado.-Respondió antes de darle un trago a su copa.
Sus ojos eran grandes y muy llamativos. Vestía traje de chaqueta y corbata. Sus labios eran prominentes y estaban humedecidos. Sentí unas ganas irreprimibles de besarle, pero quise esperar. Sus manos no. Rápidamente, estaban rodeándome por la cintura, acercándome más a él. Fue entonces cuando pude oler su perfume a maderas y con un toque afrutado. Últimamente siento un extraño placer al cerrar los ojos y comprobar el olor que desprenden los cuellos masculinos. Como si quisieran decirme algo.
Ese perfume ya era conocido por mí. Quizás, seguía el mismo rastro que dejaban, como si me sintiera atraída por un determinado olor.
Sus palabras susurrantes al oído erizaban mi piel, a la vez que mi corazón se aceleraba y mis manos se volvían frías. Sus ojos miraban con insistencia a mis pechos. Sabía que quería cogerlos y pasar su lengua por ellos, notar el sabor dulce que tienen, rozando su barba por ellos, como si ya lo hubiera hecho otras veces. Su cuerpo se iba pegando cada vez al mío, su boca cada vez estaba más cerca de la mía, casi probando el ron que impregnaba los labios. Él también se hizo esperar.
Jugaba con mi pelo, como si deseara que le pidiera lo que ambos estábamos deseando. Pero no, no quería dejarle tan pronto. Sus manos no parecían pensar lo mismo y metiendo la mano debajo de la falda, empezaron a notar la lencería que se escondía debajo. Me moría de ganas por besarle allí mismo y ordenarle que subiera las manos hacia el camino que el liguero le indicaba. Me miraba sonriente, sabiendo que los dos estábamos tan desesperados como reticentes a hacerlo allí mismo.
Me cogió de la mano, me llevó a una esquina del local, donde la luz era tenue, donde las otras parejas hacían lo mismo que nosotros haríamos en cuestión de segundos. Y sin más, con el ímpetu de un desesperado, me mordió los labios, me volteó y me dejó de espaldas a él, apretando con fuerza sobre mi espalda, donde un incipiente bulto sobresalía. Sabía que me deseaba allí mismo. Pero, ¿acaso pensaba que me iba a tener tan pronto? Le pedí unos segundos y tras ir al baño y regresar le dije que estaba lista por completo. Le dejé mis braguitas en el bolsillo de la chaqueta y le pedí que me llevara a algún lugar. La excitante situación nos invitó a meternos en el sitio que primero encontráramos. Nos montamos en su coche y buscábamos como dos adolescentes un hotel de carretera donde pasar la noche. Por el camino, sus manos subían y bajaban por mis piernas.
-Quiero que todo lo que estés pensando lo hagas, cualquier cosa que se te pase por la cabeza, las fantasías que se te ocurran-Le dije jadeante mientras miraba su cuerpo, la corbata aflojada y el pecho que se asomaba entre la camisa.
Me miró, me agarró fuertemente de la mano y me dijo con ímpetu:
¿Acaso lo dudabas, Tacones?
¿Acaso lo dudabas, Tacones?


Hola que tal, navegando me he encontrado con este blog y me gustaria hacer un intercambio de link.
si te interesa ponte en contacto conmigo al correo sexycharito@yahoo.es o visita mi blog.
hola tacones como siempre es un deleite riquisimo leerte siempre, me encanta todo lo que escribes y cada una de tus aventuras, espero yo tener un dia el valor de poder hacer lo mismo sacar esa fiera que escondo. besos nena
Hola, nena.
Una cosita, me cambio de blog.
Por si te interesa.
En vez de www.suicidandojulietas.blogspot.com es www.lachicadeloslabiosfrios.blogspot.com
Muak!
una noche muy fructífera... de mera espectadora a protagonista de oscar.
Hola, tomé un fragmento de este texto para laletraerotica.com, un blog que habla sobre blogs eróticos. Si tienes algún invonveniente, por favor no dejes de hacérmelo saber. Gracias
Leo el texto y se me dibuja una sonrisa, algo picara. Me gusta cómo crece el deseo entre las líneas...aunque sobre la seducción, mejor cuando es un vaiven de uno hacia otro-a.
Saludos.)
Salud! Por los amigos que llegan a ecribir deliciosas historias en nuestra vida.
Paso a desearte una Navidad llena de mágia y fantasías cumplidas.