14 febrero, 2012

Strangers in the night

De ti depende, y de mí,
que entre los dos siga siendo ayer noche,
hoy por la mañana...

Pasear por la ciudad sobre unos altos tacones siempre da un aporte extra de autoestima. Algo que se puede mejorar y mucho si además, visitas unas de las tiendas favoritas que suponen una parada obligatoria para despejarte de las rutinas y problemas varios.

Me compré un par de vestidos de esos elegantes para acudir a una cena con unos amigos. Siempre tengo la costumbre de estrenar algo cuando esa cita supone algo importante para mi. La verdad es que siempre hay días importantes que suelen pasar desapercibidos y días que esperas con mucha ilusión que incluso llegan a decepcionarte. Por eso hice propósito de enmienda y acepté desde un principio que no hay que distinguir entre unos u otros días, simplemente pensar que todos tienen algo que ofrecerte.

Eso mismo he pensado acerca de los hombres que sin ir muy lejos, siempre me sorprenden de alguna manera, bien porque me dejan con la boca abierta, bien porque me dejan con los ojos cerrados, incrédula de que digan que son algo y luego no sean capaces de demostrarlo.

Mi pasión se ha convertido en algo cotidiano y por eso, me gusta respirar ese "no se qué" que pulula entre el ambiente cuando la gente se deja seducir por escaparates, colores, formas y texturas. Como la vida misma, nos ponemos diferentes disfraces para aparentar algo que no somos. Y otros se jactan de ser algo que luego a la hora de la verdad, no cumplen.
Es algo así como los domadores de leones. He descubierto que hay hombres que creen que pueden enfrentarse a esos gigantescos animales porque sus experiencias, su vida o su reputación no les permite andar en otra dirección. Pero cuando el león se transforma y toma forma de leona sobre altos tacones o le presiona por altas expectativas, no le queda más que salir corriendo, disculparse porque su horario no le permite más que un escueto café y decirle eso de "ya nos veremos".

Afortunadamente a día de hoy (y crucemos las piernas) no me ha pasado nada parecido, pero si se de una chica que padeció esa ironía de la vida. Porque por un día que se había propuesto el mundo por montera, no pudo más que montarse en su coche y volver a su casa resignada porque había comprendido una de las teorías que yo tantas veces le había comentado mientras tomábamos café: "Hombre prometedor, poco cumplidor" Y como otra amiga mía dice (y eso que ella tiene mucha experiencia en eso) es que la mayoría de los hombres que son guapos o tienen algo que ofrecer, no tienen necesidad de ser galantes, ni de apuntar buenas maneras, ni siquiera de esforzarse a la hora de que puedas disfrutar una tarde en su compañía.
¡¡Consiguen a la que quieren sin más!!

Había decidido darle otra oportunidad a aquel chico. Habíamos quedado para cenar y dar un pequeño paseo por el centro, para poder contarnos nuestras cosas, charlar un rato y conocernos un poco más. Y aquel día estaba dispuesta a estrenar uno de mis nuevos vestidos. No esperaba gran cosa de aquella velada pero al menos quería disfrutarla bien vestida.

Mientras me hablaba, mentalmente me culpaba a mí misma de mis altas expectativas con respecto a los hombres. Pensaba que la mayor culpa de todo lo que nos pasa lo tienen las películas y San Valentín y todas esas fechas consumistas que te avocan a una depresión, al igual que las redes sociales que son el escaparate de magníficas relaciones de amor, de parejas que proclaman sus relaciones de cuento por doquier, documentándonos con fotos que atestigüen sus románticas vacaciones. ¿Es que es la única forma de creernos que estamos enamorados? ¿Tenemos que venderlo para sentirnos más felices?

Lo cierto es que cada vez me dan la razón, porque todos buscamos pero encontramos a la mitad y eso es porque andamos a ciegas o bien nos cegamos ante lo que tenemos delante.

Cuando terminamos la cena me llevó de regreso a casa. Íbamos paseando y empezó a nevar. Aquello me recordó a la primera vez que salimos aquel novio que tuve tan testarudo y yo, nuestra primera cita donde llevaba un jersey amarillo y unos vaqueros. Por eso me resulta tan importante la ropa, porque ayuda a recordar pequeños detalles. Nos compramos un paraguas para taparnos, color verde y que todavía guardo en el armario. Y nos fuimos a tomarnos un chocolate con churros mientras veíamos caer los copos y nos mirábamos sonriendo. Y esos besos por doquier, como si el resto del mundo se hubiera detenido. Cuántos recuerdos...

El hombre que llevaba a mi lado y yo nos detuvimos frente la plaza donde un gran toldo tapaba ese escaparate de juguetes. Me cogió de nuevo de la mano y me volvió a besar. Los segundos besos son diferentes a los primeros, porque a diferencia de estos, que te dejan con la incertidumbre, los que llegan por segunda vez, te dejan disfrutarlos más, sabrás si te crearán adicción, si estarás deseando que llegue el tercero, el cuarto, el quinto...

Dos desconocidos besándose bajo un toldo el día del amor, sin regalos, sin un "te quiero", sin un corazón. Quizás todo debería ser más fácil. Quizás así todo es más simple, cuando vives las cosas con entusiasmo. No como la realidad, que ese día es un compromiso que mide cuánto puedes querer a alguien según el precio y no el valor que le das. O la forma de darte cuenta de lo que tienes o no tienes. O de lo que tenías y ya no quieres. Es que en las películas te ponen "The End" cuando todo va maravilloso, para dejarte con un buen sabor de boca.
En la vida real hay muchos matices, y por desgracia, las cosas terminan cuando menos te lo esperas. O empiezan casi sin que te des cuenta.

2 Susurran:

Blogger Juan ha dicho...

Yo me considero un buen cinefilo pero de peliculas vamos a llamar normales, no se no me gustan las experimentales ni de terror, bueno al grano, siempre digo que una pelicula que termina con un final feliz despues de haber pasado de todo no la considero una buena peli, a veces, a veces no, algunas veces la vida real no es asi y si te la venden como que todo es muy bonito pero la cruda realidad te hace poner los pies sobre el suelo, en tu caso desde tus altos tacones, jeje. Buen oque me enrollo si es que soy un peliculero, jejej. Un besazo queridisima tacones rojos (no creo que sea malo el poner expectativas en alguien lo que no hay es que imaginarse algo que todavia no ha sucedido, solo eso).

15 febrero, 2012 08:04  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Si bien se dice que la vida es como una pelicula barata o de bajo presupuesto, pero la realidad es otra, porque no jugar, vivir y disfrutar de lo que la vida te ofrece, crear una nueva historia dia con dia, escribir nuestros propios guiones y darnos el lujo de vivr esas emociones que la mayoria de la sociedad no ha de aceptar,muchas veces la inspiracion y la fuerza se uede encontrar hasta en el mas minimo de los textos.... y puedo decir que gracias a ti, encontre mi inspiracion y una nueva razon...

26 febrero, 2012 20:45  

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